La memoria religiosa no es un sector o parcela de la memoria, no es una galería destinada a museo sacro. Es la vida entera del hombre vista a una cierta luz, es memoria agradecida y contricta. Del recuerdo nacera la esperanza.La memoria es el lugar de contemplación, ya que de Dios solo podemos ver su espalda, como Moisés y de sus palabras sólo alcanzamos a oír el eco. La memoria passionis obliga a los cristianos tanto a solidarizarse con el pueblo doliente como recuperar la voz extinguida de las víctimas del pasado. No hay comunidad sin memoria, ni memoria sin comunidad.
José María Cabodevilla, La memoria es un árbol, Ed. Paulinas, 1993.